No vemos las cosas como son, las vemos como somos

Esta frase que encierra un juego de palabras nos dice que la forma en que observamos un hecho incide en el hecho mismo.

Habrás escuchado también:

«En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira» – Ramón de Campoamor y Campoosorio (1817-1901)

Ok. Las cosas son según quién y cómo las mire.

Pero aún hay un paso más en esto de observar.

La perspectiva desde la que vemos las cosas, define aquellas cosas que vemos. Pero, a su vez, en función de lo que observamos son las acciones que decidimos realizar.

Entonces, si la forma en que observas, es decir, si el cristal por el que miras influye en lo que miras y en cómo reaccionas a lo que miras ¿Qué tal si cambias el cristal cuando lo que en el fondo quieres es un cambio en tu vida?

La propuesta es convertirte en un observador más agudo y astuto, en un observador consciente porque ese será el camino para ser un observador más poderoso.

¿Poder? Sí, poder definido como: la capacidad de emprender una acción más eficaz; es decir, una acción que produce resultados adecuados.

En palabras más directas y sencillas, un mejor observador se vuelve responsable de su vida y sus acciones.

 

Observación y aprendizaje

Nuestra vida mejora y evoluciona en gran parte en función del aprendizaje que hacemos de las experiencias que vivimos.

Nuestro enfoque tradicional del aprendizaje se centra en lo que se observa y supone que lo que observamos es independiente del observador. Así damos por sentadas nuestras observaciones y creemos que lo que observamos, en especial sobre las personas, realmente existe.

Sin embargo, rara vez nos hacemos las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo es que observo lo que observo?
  • ¿Qué hay en mí, como observador, para que vea y oiga las cosas como lo hago?

 

Aprendizaje de segundo orden

Para responder a las preguntas anteriores debemos hacer algunas consideraciones importantes respecto al proceso del aprendizaje.

Vamos a distinguir entre aprendizaje de primer orden y aprendizaje de segundo orden.

aprendizaje de segundo orden

En la vida nos interesa constantemente obtener resultados, o conseguir los resultados deseados, para que las cosas mejoren y podamos avanzar y progresar.

Cuando no estamos satisfechos con los resultados, solemos reflexionar sobre nuestra acción, o comportamiento, y revisamos cómo podríamos haber hecho las cosas de forma diferente para obtener resultados más satisfactorios.

Esta es una forma válida e importante de aprendizaje y se denomina aprendizaje de primer orden.

Sin embargo, este enfoque no aborda la cuestión de explorar qué hay detrás de que yo observe las circunstancias de la forma en que lo hago. Por lo tanto, en el aprendizaje de primer orden se descuida el papel del observador.

Podemos aprender mucho más si reflexionamos de otra manera: no centrar la reflexión en la acción, sino en nuestro observador y en la forma en que vemos la situación.

Esto nos lleva al corazón, facilitando cambios de raíz, y es lo que se llama aprendizaje de segundo orden.

Observar es siempre interpretar

Como observadores, siempre veremos una situación desde una perspectiva particular y tendremos un punto de vista. Sin embargo, nuestra tradición de observación rara vez nos ha animado a analizar la posición desde la que observamos y cómo ésta influye en nuestro comportamiento.

Cuando realizamos un aprendizaje de segundo orden, la atención no se centra directamente en la acción o el comportamiento del observador, sino en la forma en que éste observa. La forma de observar determinará lo que observamos, y esto, a su vez, determina los cursos de acción que veremos disponibles.

Cuando adoptamos este enfoque, nos encontramos en el territorio de un orden superior de aprendizaje: el aprendizaje de segundo orden. Observar cómo observamos abre nuevas posibilidades porque nos centramos directamente en la cuestión de «cómo es que veo las cosas así».

El aprendizaje de segundo orden reconoce que, cuando observamos, siempre estamos haciendo interpretaciones de las circunstancias en las que nos encontramos.

Como humanos, solemos dar por sentadas nuestras interpretaciones y formas de ser.

Un ejemplo

Por ejemplo, si una persona ve el mundo como algo peligroso, es probable que tenga aversión al riesgo y diga que no a las oportunidades; de la misma manera, si alguien ve la vida como una aventura, es más probable que diga que sí a las oportunidades y que asuma riesgos.

Nuestra forma de ver e interpretar el mundo habrá sido moldeada por las narrativas en las que hemos estado inmersos. La mayoría de las veces, estas narrativas no son transparentes para nosotros: no se ven conscientemente.

Hemos crecido en discursos que nos han moldeado toda la vida, incluso antes de ser conscientes de nosotros mismos o del mundo.

Por lo tanto, no decimos, por ejemplo, «he aprendido a ver el mundo como algo peligroso, y eso hace que tenga aversión al riesgo», sino que decimos «el mundo es peligroso, y tengo que tener cuidado».

En otras palabras, nos parece obvio que el mundo es peligroso y que tenemos que tener cuidado, en lugar de algo que hay que investigar más.

Conclusión

Es hora de cuestionar nuestras presuposiciones y reconocer que lo que consideramos «la verdad» no suele ser más que relatos aprendidos.

Nuestras narrativas suelen expresarse en las cosas que decimos y en nuestras creencias y valores, pero también tienen una expresión emocional y somática.

Para producir un cambio en el alma de una persona hemos de estar dispuestos a observar, cuestionar y tener la curiosidad suficiente para cambiar el yo que somos

Como seres humanos, actuamos, lo que produce resultados. Normalmente, cuando no nos gustan los resultados que producimos, nos fijamos en las acciones que realizamos y tratamos de cambiarlas: podemos hacer más, podemos hacer menos o podemos probar una nueva acción.

Pero, si no miramos al observador que somos, si no cuestionamos nuestra estructura de interpretaciones, entonces es probable que simplemente produzcamos más de lo mismo.

Así explicado es tan obvio que la mayor parte del tiempo y, en particular, en los tiempos de crisis no vemos nuestro ser. En otras palabras, somos ciegos a nuestra ceguera.

De vez en cuando, necesitamos que alguien fuera de nosotros mismo nos ayude a ver lo que no podemos ver, a revelar nuestra ceguera. Alguien que nos plantee las preguntas correctas que nos permitan cambiar el cristal a través del cual miramos para, así, cambiar la vida misma.

El tema del observador es vasto y medular así que volveré sobre él en el futuro.

Cuéntame ¿hay algo que te angustia, te inquieta o, simplemente, no te gusta y quisieras intentar verlo desde una perspectiva diferente para modificarlo?

Envíame un breve audio de whatsapp. Quiero ayudarte.

+34 601354011

Foto por Ryan Stefan en Unsplash

5 comentarios en «No vemos las cosas como son, las vemos como somos»

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