Cuando las emociones no se expresan, el cuerpo habla

Hace unas semanas, en el post Cómo expresar los sentimientos… y cómo no hacerlo, te adelanté que hablaríamos sobre los efectos perjudiciales que puede tener para tu salud enterrar tus emociones.

A nadie le gusta sentir ira, humillación o tristeza obviamente, pero hacerse el tonto, mirar a otro lado, fingir que aquí no ha pasado nada, sólo puede empeorar las cosas.

Hemos aprendido a alejar el malestar, a negarlo, a distraernos con lo primero que pasa (y la oferta de distracciones es inacabable) pero, aunque hagamos oídos sordos, las emociones permanecen y crecen.

Las emociones que no se expresan, no mueren nunca. Éstas se entierran vivas y salen más tarde en formas peores

Sigmund Freud

Cuando evitamos nuestras emociones, en realidad las estamos fortaleciendo y esto no lo he sacado de la manga. Lo dicen Freud y numerosos estudios de prestigiosas universidades.

Imagina una olla a presión sobre el fuego o apretar en el coche el freno y el acelerador a la vez ¡pues eso!

Esto puede crear muchos males en el cuerpo y en la mente, causando una cantidad de problemas de salud.

Cuando reprimes tus emociones, estás confundiendo y dañando tu cuerpo de una manera profunda. Las emociones son la forma que tiene nuestro cuerpo de hacernos actuar.

En un nivel muy primario, nuestros cuerpos están tratando de mantenernos a salvo en todo momento. En los tiempos de las cavernas, aprendimos a escuchar nuestras vísceras porque nos salvarían de un ataque: huir o ser comidos.

Hoy en día, las personas ya no huimos de los animales salvajes, pero reaccionar a una emoción y procesarla puede seguir protegiéndonos de los peligros, tanto físicos como mentales.

Con el estilo de vida actual entiendo que puede ser un reto escuchar lo que nuestro cuerpo está tratando de decir, pero si ignoras esos mensajes puedes sufrir mucho.

La supresión de las emociones está asociada a altos índices de enfermedades cardíacas, así como a trastornos autoinmunes, úlceras, síndrome del intestino irritable y complicaciones de salud gastrointestinal.

Ya sea que estás experimentando ira, tristeza, dolor o frustración, el hecho de ignorar esos sentimientos en realidad conduce a un estrés físico en tu cuerpo.

Los estudios demuestran que acallar los sentimientos tiene una correlación con el cortisol elevado -la hormona liberada en respuesta al estrés- y que el cortisol conduce a una menor inmunidad y a patrones de pensamiento tóxicos.

Con el tiempo, el estrés no tratado o no reconocido puede conducir a un mayor riesgo de diabetes, problemas de memoria, agresividad, ansiedad y depresión.

Concretamente, esto es algo de lo que le puede ocurrirá tu cuerpo cuando reprimes tus emociones:

  1. Tu estómago se retuerce en nudos

El estrés crónico que proviene de las emociones no resueltas puede desencadenar innecesariamente la respuesta de lucha o huida de tu sistema nervioso. Esto ralentiza la digestión y provoca gases, hinchazón, estreñimiento, vómitos y, en ocasiones, úlceras.

  1. Tu cuello y tus hombros gritan por el estrés

El dolor de cabeza y de cuello es uno de los síntomas más comunes de las emociones reprimidas, en gran parte porque el estrés de la contención hace que los músculos de la mandíbula se tensen.

  1. Puedes sufrir dolores de cabeza y migrañas

Los músculos corrugadores de la frente y el entrecejo se tensan en respuesta al estrés emocional, produciendo un ceño fruncido, y un músculo corrugador tenso es a menudo un buen indicador de estrés en todo el cuerpo. Y cuando estos músculos se tensan, es posible que se reduzca el flujo sanguíneo hacia el cerebro, la receta perfecta para un dolor de cabeza intenso

  1. La ira puede alterar tu corazón

Cuando la tristeza y la vergüenza quedan enterradas (y encerradas), pueden explotar en forma de una de las emociones más primitivas y destructivas: la ira.

Esto puede suponer un mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas porque provoca un torrente de hormonas del estrés que aumentan la energía. Pero esta explosión de energía hace que los vasos sanguíneos se tensen al aumentar la presión arterial, lo que puede desgastar las paredes de las arterias con el tiempo.

 

Todo esto se debe en parte, al nervio vago, uno de los principales centros emocionales del cuerpo. Este nervio responde a las emociones desencadenadas en el cerebro medio enviando señales al corazón, los pulmones y los intestinos.

Estas señales, como te decía antes, preparan al cuerpo para emprender acciones apropiadas e inmediatas al servicio de la supervivencia.

Por lo tanto, el cuerpo está preparado para reaccionar ante el peligro percibido antes de que la persona sea consciente de que se ha desencadenado una emoción. Es la razón por la que las emociones no están bajo nuestro control consciente.

La biología y la anatomía básicas explican que no podemos evitar que nuestras emociones se desencadenen, ya que se originan en la sección media de nuestro cerebro que no está bajo control consciente.

Ahora, ¿recuerdas que te dije que reprimir emociones es como pisar el freno y el acelerador a la vez en tu coche?

El sistema nervioso tiene dos partes principales:

  • el sistema simpático: es como el acelerador de un coche; le dice al cuerpo que se ponga en marcha, cuando aparece el peligro
  • el sistema parasimpático: es como los frenos de un coche, le dice al cuerpo que se calme, cuando el peligro desaparece

Estos dos sistemas actúan siempre en equilibrio.

El nervio vago desempeña un papel en muchas funciones vitales de nuestro cuerpo, como la respuesta de «descanso” de nuestro sistema nervioso parasimpático hasta la de «lucha o huida» regulada por nuestro sistema nervioso simpático.

¿Y tú creías que podías silenciar una maquinaria tan perfecta y aceitada? No tiene sentido tratar de engañar con la indiferencia un sistema que está más allá de nuestro plano consciente.

Por eso, el simple hecho de aprender y aceptar que las emociones no están bajo control consciente nos ayuda enormemente porque nos pone en camino de educar nuestro yo emocional y desarrollar habilidades para trabajar hasta sentirnos mejor.


A que ya te van dando ganas de dejar de intentar tapar el sol con la mano, empezar a escucharte y expresar con asertividad una cosa o dos de las que te están pasando.


¡Enhorabuena si así es!

Ankor

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1 comentario en «Cuando las emociones no se expresan, el cuerpo habla»

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